Todo o nada

Retomemos las cosas; inversión de un año de hormonas, exámenes, ecografías, desgaste emocional y monetario; muchos procedimientos pero con balance positivo; llegamos al anhelado embarazo. Hasta ahí todo bien; en la séptima semana de embarazo, cuando estaba aún muy pequeño, imposible de sobrevivir a la vida extrauterina; nos fastidió un hematoma retrocorial que amenazaba con culminar la existencia de mi diminuto bebé. Este hematoma que se había formado podía producir un aborto y el fin de nuestros sueños e ilusiones, que continuáramos siendo una familia de a dos y brindar todo nuestro amor sólo a Chester, nuestro beagle tricolor.

Luego del segundo sangrado, era inminente el riesgo de abortar; tenía que jugármelas, todo o nada; así que eso hice, luego del segundo sangrado y de la ecografía donde se apreciaba el malvado hematoma retrocorial que quería robarnos nuestros sueños, mi gine fue muy estricto, o te cuidas y haces al pie de la letra lo que te indiqué, o nada. Así que fui buena paciente y cumplí todo lo que me dijo, reposo absoluto por un mes por lo menos; tenía miedo hasta de toser o estornudar, no vaya a ser que se caiga Saori o Seiya, que los pierda, si ya los amaba, les daría toda mi atención, no quería perderlos de vista; están aquí y aquí se quedan, los esperamos, los queremos, los amamos, no nos dejen.

Mil cosas pasaron por mi mente, que de repente no los merezco, que es un castigo por algo que hice en mi vida, que de repente seré mala madre y el destino no quiere que lo sea; se venían las culpas buscando una justificación a esta penitencia; porque para alguien que trabaja 300 horas al mes, no hacer nada era una penitencia; si tenía que hacer la penitencia para poder tener la dicha de conocer a Saori o Seiya, lo hacía.

Estos dos últimos años estuve trabajando bajo la modalidad de terceros; es decir, recibo por honorarios; no había un vínculo estricto en los hospitales; les expliqué lo sucedido a mis jefes de ambos hospitales y entendieron perfectamente la situación; me apoyaron en todo; se portaron divinos conmigo; es ahí donde te das cuenta quienes son tus amigos; yo los encontré; mil gracias Dr. Aliaga y Dra. Lucena los quiero.

Que quedaba por hacer; nada, sólo cuidarme y esperar; nuevamente reposo absoluto, sólo me levantaba para ir al baño y bañarme.

Nueva rutina del día; despertar, comer, series de cable, comer, novelas de la tarde, comer, cena, dormir. En esas semanas no quería otra cosa que estar tranquila, pero el no hacer nada creo que es peor porque todas las ideas y las peores se te cruzan por la cabeza; ¿qué cosa tendrá?, ¿estará bien?, ¿tendrá alguna enfermedad?; que más da, a esperar los días que tenga que esperar y ver si todo los cuidados dan fruto.

Pasaron casi 6 semanas y conforme iba a los controles, todo estaba bien; la hemorragia retrocorial se resolvió, la ecografía genética salió bien; todos los cuidados dieron fruto y seguimos siendo bendecidos por Papá Lindo; nuestro pequeño sigue con nosotros; llego Semana Santa, los pasajes ya estaban comprados, nos vamos a San Andrés; esta vez miraremos el camino que recorríamos más relajados; en la espera del heredero Seiya o Saori, como le decía el padre.

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