Segundo trimestre

Este post es un poco más visceral, es que después de pasar una mañana de dulzura con mi chatín, estoy hecha un mar de hormonas que derrite mi cerebrito. Ahora les cuento que tal me fue en el segundo trimestre. Ya lo peor pasó; la amenaza de aborto, las náuseas (aunque no lo comenté en el post anterior,  sí que las tenía, pero no llegué a vomitar nunca; no como alguna de mis colegas, que la veía pasando visita y de pronto corriendo al baño a devolver el desayuno o cuanta poca cosa pudo comer la pobre); el miedo a perderlo casi se había extinguido y las ganas de seguir en esta aventura eran indescriptibles. Ya habían cambios importantes; el cansancio era mayor, la ropa ya me estaba ajustando un poquito, a pesar que trabajaba menos, el sueño me inundaba en cualquier momento, era como una marea alcalina después  de comer una parrillita familiar o un mega balde de KFC; pero este sueñito era casi todo el tiempo. Después de ello, la pasaba bien, la alegría a flor de piel, sabiendo que minuto a minuto se moldeaba lo que meses más tarde cambiaría mi vida, nuestras vidas.

No les había contado, luego de la primera ecografía donde confirmamos la presencia del bebé y las ecografías posteriores donde nos aseguramos que el hematoma retrocorial que amenazaba su existencia desapareció; vinieron dos ecografías sumamente importantes que determinarían como estaba físicamente el bebé y si íbamos a pintar su habitación de celeste o rosado. La primera que les comento se llama  ecografía morfológica o genética y es una de las más importantes dentro de la evaluación prenatal, porque no sólo describe las características físicas del bebé, sino que es un screening para detectar precozmente anomalías tales como el síndrome de down, la ausencia o malformación de algún órgano importante, la disfunción de alguno de ellos, etc. Les dejo un link para su ilustración, ecografía genética. Bueno, antes de hacerme esa prueba, yo hice una revisión sistemática de las imágenes sugerentes de alteraciones fetales; era tanto el estrés de pensar que en esa ecografía podríamos detectar algo que no estaba bien, que creo que me prepare para dar examen de ecografía fetal jajaja; y no sólo yo pase la prueba sino el ecografista también. Fuimos a la clínica, estuvimos esperando un rato antes de que nos atendieran, el papá del futuro bebé estaba tranqui, no se imaginaba la dimensión de la importancia de esa prueba, yo hecha un manojo de nervios; es que después de trabajar en un hospital donde se ven tantas pero tantas cosas; sin contar que no soy una chibola de 20 años, sino una adulta de treinta y muchos, mi miedo y desconcierto era mayor. Así,  que luego de esperar un rato, nos llamaron; podía entrar el padre de Saori o Seiya (porque hasta ese momento aún no sabíamos el sexo); entramos, me puse en el diván del doc y empezó la prueba; de saque le dije al Dr. Ascenzio(el ecografista) que yo trabajaba en un área de cardiología,  así que por favorcito, mire bien las estructuras cardíacas, que todos los tabiques estén en su sitio y que no se le vaya a pasar por ahí algún ¨huequito¨en el corazón. Recuerdo que se tomó un buen tiempo en mirar todas las estructuras, creo que sintió mi estrés; es que cuando se enteran que uno es médico, creo que se estresan también. Bueno,  reviso todas las estructuras importantes, y con cada revisión por órganos, regresaba mi alma al cuerpo; los marcadores ecográficos de Síndrome de Down como la presencia o no del hueso nasal; la translucencia nucal; y demás, todo salía ok; la presencia de los órganos importante; los deditos en  las manos y pies,  tranquilizaban a estos angustiados padres, bueno más a una que  al otro; aunque mire de reojo y si estaba atento a las imágenes; que no eran muy claras para un inexperto pero por lo menos hacía el intento de parecer que lo entendía todo; que lindo 😅. Salimos tranquilos; aparentemente todo estaba bien; regresamos con el doc a enseñarle las imágenes; aunque él había estado presente el la ecografía también; porque cuatro ojos miran mejor que dos; así que para adelante; qué hay muchos meses por esperar.13 semanas

Nos fuimos a casa aliviados y con conciencia que todo el sacrificio que habíamos hecho no era en vano; ese diminuto ser nos seguía acompañando; en los viajes que hacíamos por lima; al comer; sintiendo los baches de nuestra querida capital; y sentirá la cólera de la mamá cuando se cruzaba un mototaxista mientras manejaba. Esas semanas siguientes me sentí mucho mejor;  ya podría imaginarme cómo sería el baby shower; es que era algo que se venía; ya mi sueño tiene forma de bebé, diminuto pero ahí está; ya me está quitando el sueño; no sólo porque me da ilusión conocerlo; sino que ya voy sintiendo la cintura distinta,  como que media arqueada; se me hace incómodo dormir boca arriba; así que tranquila nomás de costado,  se hace todo lo que le haga bien al bebé. Pasaron algunas semanas más y venía la otra ecografía que era la importante; ya para las 20 semanas ya se puede determinar el sexo del bebé. Esa sí fue otra historia . En esas semanas previas había sido todo un juego emocional; que mi suegra y mi cuñada que son medias “sensoriales” hasta habían soñado con el bebé; que era lindo y que sería varón, no les creía para nada; yo estaba convencida que sería una niña; dije, si me pusieron dos embriones y sólo uno se quedó; este debería ser mujer; porque somos así; fuertes; guerreras; y si era como mi abuelita; que era la versión ironman abuelita primitiva; tenía que ser mujer; por si acaso,  y no es broma,  mi abuelita que en paz descanse se llamaba Primitiva, y cada vez que la llamaba por su nombre moría de risa; claro que no le hacía mucha gracia a mi pobre abuelita, que sólo se reía un poquito; tenía que aguantar a la nieta.

Regresando a lo mío; el papá de Saori o Seiya soñaba en cuál  sería el sexo del bebé; y aunque no me dijera nada; notaba en su mirada una especie de rezo en silencio; aunque no es de esos católicos que leen la palabra del Señor o que van a misa todo los domingos, noté que a veces  le pide y estoy convencida que le pidió al barbón, (así le llama al Jefe de los jefes),  que fuera su primer bebé un varón; siempre me decía que le encantaría jugar play station® con él; que lo llevaría al estadio a ver a su equipo favorito; y que le enseñaría todo lo que su padre biológico no hizo, que jamás cometería los errores que ese señor cometió; pero que sería varón; yo ya no me hacía problemas; me daba igual; sólo rogaba que fuera un bebé sanito; era lo único que rogaba y si recuerdo haber ido a la iglesia explícitamente a pedirle a Papa Lindo dos cosas; la primera  qué fue antes de realizarme la fertilización; a que me diera la oportunidad que me había negados años atrás: que ese angelito llegaría a un hogar lleno de amor; y que sería una buena inversión mandarnos a uno de sus angelitos; porque la llegada del bebé iba a ser como un angelito del Señor; el mejor regalo que Papá Lindo podría darme  sería ese bebé; y la segunda vez que fui a pedirle otro favorcito; justo fue antes de hacerme la Ecografía morfológica para que todo saliera bien; quería que nos de la oportunidad de tener un bebé sano; porque luego de todo lo que he visto; tener un bebé sanito era la bendición de Papá Lindo y  y yo abogaba por ello; si fuera niña o niño no me importaba; lo importante es que llegara a nuestros brazos para llenarlo de amor y alegría; porque los hijos son para eso, para hacerlos felices; si por ahí hay alguien que está buscando un hijo para que los hagan felices; mejor cómprense un perro  que son muy graciosos; no traigan niños al mundo para complacer sus gustos ni llenar vacíos que arrastran del pasado, no es justo.

Llego el día tan esperado por el padre; esta vez fue distinto, teníamos mucha ilusión de saber que sería, si bien es cierto no me importaba, la curiosidad me mataba,  así que también estaba más que ansiosa con curiosidad de saber que había dentro; ahí creciendo; ahí haciendo que engorde; que desaparezca mi acné; que mi cabello se ponga más lindo que nunca y no se me caiga sino que crecía como nunca. El padre de Saori o Seiya otra vez está ahí con ojos de búho; que no se los veía después de tiempo, estaba más que asustado,  ansioso; él quería que fuera varón sí o sí, yo solo quería que naciera y ya.

Fue como que muy rápido, el ecografista fue directo al grano; ¿vienen a saber el sexo de bebé,  verdad?; nosotros afirmamos en silencio; ok, acuéstese; para esto ya me había puesto la batita que nos daban antes de hacer la ecografía; me acosté en la camilla, y el gel heladito llego a la pancita,  que como nunca la sentía distinta, creo que sabía que estaban invadiendo su privacidad; pero bebé, es un ratito nomás, queremos saber que sexo tienes, que colores compraremos, que nombre te pondremos, los sueños de tu padre ojos de búho, el anhelo de tu madre, déjate nomás, haznos un ratito felices. Así que fue directo, con la experiencia que tiene no se demoro nada en conseguir la imagen que tanto esperábamos; ahí estaba, un cachito asomándose, y nos dijo, es claro, es varón.Image (1)Vi de reojo como el padre tenia los ojos llenos de agüita y no paro de aplaudir, sabía que haría lo que su padre no hizo, ser padre. Yo estaba feliz, simplemente de  verlo otra vez, ahora si con denominación en masculino; el resto de la evaluación estaba sin alteraciones, nos fuimos felices; el papá ojos de búho mil veces más feliz que yo, sería padre y su primer hijo sería un varón. Yo me ponía a pensar en lo que había visto, las niñas son más tranquilas,  más tiernas, las amigas de mamá; los niños, no sé, son toscos; sin saber, que ese ser masculino que venía en unos meses, sería mi amor chiquito, me enamoré de ti baby boy.

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