Quiero quererte mi Supersaijayin

Esta tarde mientras espero a mis chiquipacientes, se presta para completar estas líneas que las tenía casi listas desde hace meses. Una micro recapitulación para aquellas personas que recién leen estas líneas, un microresumen; luego de muchos meses de intentos, hormonas y esperanzas, conseguimos hacer que la familia de a  dos se volviera de a tres; y con la felicidad en mi vientre, esperamos los largos y estrepitosos nueve meses para conocerte, el asunto  fue que tu llegada no fue por conducto regular (me refiero al parto vaginal); literalmente me moría de miedo y al final la llegada de este supersaiyajin fue por cesárea;  el problema, es que la cesárea no es natural, es una cirugía, por ende el cuerpo aún ni se entera que ya no estás embarazada y las hormonas que deberían ayudarte al momento del parto, no están; como qué de pronto, estás sola y escuchas  un llanto, y les juro que lo primero que se me vino a la mente fue: Te tengo que querer????; no es que no lo quiera (a mi manera lo adoro),  pero es un shock emocional, me había preparado nueve meses y un año más atrás para este momento, pero el parto por cesárea no es lo natural; no te  sacan el hijo por el canal vaginal sino  por la pelvis,  y el bisturí no hace que descargues todo el mar hormonal que necesitas para recibir a este nuevo ser.

Es indescriptible cómo en un segundo te cambia la vida, de estar solita , porque aunque tienes a tu bebé en la pancita, sigues siendo tú con algo dentro de ti que se mueve, pero eso es todo; sabes que está ahí pero sigues siendo tú;  cuando de pronto aparece en cuerpo completito, con sus propias necesidades y su propio aliento, es otra la historia; tu vida se desdobla y como que cambia de rumbo, eres tú pero alguien más también; y alguien más dependiente de ti; y literalmente muere sin ti, sin tus cuidados,  sin tu leche,  y si no hubiera la fabulosa fórmula maternizada, simplemente moriría (el ayudín para las que salimos a trabajar).

Eso del contacto piel a piel sí que sirve; lástima que en algunos hospitales no lo practiquen mucho. Luego que escuché el llanto del bebé y de hacerme la pregunta que en el post anterior comenté (y que me da vergüenza comentar ahora); simplemente los ojos se me hicieron agüita de la emoción de conocer en carne y hueso al que literalmente estuvo consumiendo mi vida, y aún la sigue consumiendo; aquel diminuto ser que vi en una ecografía con algunos milímetros de diámetro y que ahora es un robusto bebé de 3 kilos; que parecía imposible, y que las estadísticas lo hacían más, que una fertilización in vitro a la primera casi nunca pegaba; y que ya no soy tan chibola; y que me pusieron dos embriones y no podía pegar ninguno, y que, y que… en fin; llegaste y a amarte nomás.

Luego de la cesárea y de la atención inmediata del recién nacido que consiste en que el neonatólogo(especialista en recién nacidos) lo seque, le haga un chequeo físico rápido, vigilar la primera adaptación del bebé al ambiente extrauterino; rápidamente te lo acercan para que le des un beso; pero es un beso semi inconsciente, entre los ojos llenos de agüita, la anestesia, el estrés, ni  te das cuenta como está realmente el crío; sólo recuerdo haber visto una cara regordeta que  me la pusieron en mi mejilla, y yo aún media confundida por la anestesia de la cesárea, le di un beso y se lo llevaron.

Ya con el descenso de la adrenalina que uno siente durante todos los primeros instantes de la cesárea, como que te laxas horrores;  y  de pronto ya no me acuerdo nada, y luego el cirujano me dice que ha culminado y que me pase a la camilla, entre media noche me intenté mover, aún toda adormecida para pasarme a la camilla.

Lo siguiente que recuerdo el post operatorio, en la sala de recuperación, de pronto que extrañas esa gigante barriga que sin darte cuenta te ha acompañado tanto tiempo y que poco a poco ha ido entrando en tu vida, ajustando tu ropa, cambiando los planes, quitándote el aire; algo a lo que cariñosamente te acostumbras; y de pronto, te despiertas, adolorida, media mareada, y ya sin él;  sentí un vacío enorme, ya no estas, ya te estoy extrañando; la melancolía de tener mi barriga vino a mí.

No me imaginaba como iba a doler la cesárea y como me iba a incapacitar en el mes siguiente. Ahí me acorde de la rotación de ginecología y como las puérperas (las madres que recién dan a luz), rápidamente se incorporaban a atender a sus bebés, me vino la duda, debí haber realizado un parto vaginal para estar en óptimas condiciones para atender a mi chatín??, noooooooo. Recuerdo también embarazos tan bien llevados y todo ok y al momento del parto, el bebé no salió, se demoró, sufrimiento fetal, y al final un niño con parálisis cerebral, no way!!; más pudo mi miedo, y como alguien me dijo en algún momento, el dolor con gusto se aguanta; así que aguantarse nomás el dolor de la cesárea.

Las primeras horas luego del parto no pude ver al bebé, fue algo tan desconcertante, el saber cómo estaba, el contacto con él, mi curiosidad como pediatra de yo misma evaluarlo y ver que estuviera todo ok; no lo vi hasta después de 14 horas; y el pobre lo primero que tomo en las horas siguientes de nacer fue fórmula , buuu.

En el tiempo que estuve en sala de recuperaciones, escuche sollozar a la persona que estaba al lado mío; era  una señora mayor que también había sido cesareada, pero estaba muy triste porque al nacer el bebé le dijeron que tenía un problema genético, que no le habían dicho nada en los controles prenatales y que recién se enteraba que era Sd. de Down probablemente; traté de consolarla lo más que pude; y cómo es el destino, después de muchos meses, me vuelvo a encontrar a la mujer con el niño y que ahora es mi paciente.

Luego de las interminables 14 horas de  espera para realmente conocer a mi Supersayaijin, me pasaron a piso; yo tenía una idea muy distinta de lo que pasaría a  lo que realmente paso. Mentalmente estaba  dispuesta a atenderlo en lo que el bebé necesitara de mí, para lo que en ese momento estaba hecha; para ser su vaca lechera; sin embargo, fue todo lo contrario.

Apenas estuve en piso, estaba como flaca ansiosa esperando a su flaco; y no era para menos, esta cita había estado postergada por muchos meses, había estado esperando tanto este momento, mi momento, de tenerte entre mis brazos, sentir tu calorcito; sentía como un vacío en la boca del estómago de la ansiedad de conocerlo y portarme a la altura de sus necesidades, creo que es algo primitivo esto de criar al crió; y yo no era la excepción.

El asunto que cuando me lo trajeron a la habitación, que por cierto era una cama pequeñita, bueno un poquito más grande que la de Sarita Colonia ( si alguien ha ido a Grocio Prado en Chincha y ha visitado a Sarita Colonia me entenderá). Pensé que el bebé venía con su cuna; pero me dijeron: No señora, el bebé se queda a su lado día y noche; lo cual me parece fabuloso en mi queen size; pero no en una cama de media plaza.

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Bueno, independientemente de las comodidades, me trajeron a ese diminuto ser muy tranquilo y muy abrigado; y yo como niña que quiere abrir su regalo en Navidad, no esperé mucho para explorarlo y ver que todo estuviera bien, me moría por tener un estetoscopio y auscultarlo, saber que estaba ok, pero bueno, ahora estoy en modo paciente, y tengo que ser ppaacciieennttee. Todo bello, todo perfecto, hasta que llego la hora de ser vaca lechera; pero creo que yo era una vaca lechera de una pampa, porque aunque estaba toda adolorida pero feliz para darle lo que el bebé necesitara, lo prendí a mi pecho, lo puse en la técnica correcta, y, y el niño se puso a llorar; ese calostro que salía no lo satisfacía, no era esa onza que le dieron de fórmula a nacer y que lo dejo noqueado;  eran tan sólo unos mililitros, pero para él era nada, bueno eso era lo que percibía; pero ahí yo, con mi camiseta prolactancia materna, le ofrecí el otro pecho y ya como que se calmo un poco.

La desesperación sobre la alimentación de mi niño iba incrementándose en las horas, aún distraída por la visita que llegó a verlo, sentía cierta ansiedad a que mi crío estuviera bien, sentía que no estaba tranquilo; pero habían brazos en ese momento que lo podían pasear y entretener, mientras mis heridas lentamente sanaban.

Tenía fe que la lactancia materna fluyera y que mi bebe fuera inmensamente feliz. Sentía algo de envidia inconsciente de cómo la mamá con la que compartía habitación le ofrecía leche materna a su bebé y esta quedaba tranquila y plácidamente dormida. Esa noche fue fatal y la peor noche de mi vida.

Estaba muy adolorida por la cesárea, aún algo aturdida, pero con el bebé al costado tenía que aguantármela nomás y portarme a la altura, eso querías, toma!. Pero un poco de ayudín no está de más; y en ese momento me preguntaba  yo por esas mamás que viven en el cerrito, sin agua, sin luz, con muchos hijos; y yo muriéndome, literalmente muriéndome con sólo uno y muy chiquito.

Luego que se fue la visita vino lo bueno, prácticamente desde las 7 de la noche hasta las 3 de la mañana le estuve dando de lactar, y lo más triste es que no pasaba ni 10 minutos y otra vez lloraba, ya a las tres de la mañana casi me pongo a llorar con él porque en ese momento no se calmaba, o fue el cansancio, o fue que no me relajaba, tuve que pedir ayuda, y yo sé que pro lactancia y bla bla bla; pero mi chato lloraba, le cambie el pañal mil veces, lo mantenía abrigado, la barriga estaba blandita ni para decir que eran gases y lloraba como si le estuvieran sacando las uñas; a mí se me partía el alma, y la bendita licenciada o técnica no venían a mi llamado, hasta que el cansancio de ellas creo, hizo entender que mi chato necesitaba un poquitín de formula; se lo llevaron, y cuando me lo devolvieron, me traían a un angelito dormido; se moría de hambre el pobre.

Respecto a la lactancia materna, sigo pensando que es maravillosa, es un tejido porque es cambiante, se produce en la cantidad necesaria en el momento necesario, sale a temperatura adecuada, tiene los nutrientes que necesita en cada momento del día, disminuye el riesgo de infecciones (porque a través de ella le transmito mis anticuerpos), genera confort entre la madre y el niño, es un vínculo maravilloso que aún no lo quiero perder, te hace bajar de peso (porque dar de lactar te consume energías tantas como si estuvieras corriendo, yo baje de peso de 90 kilos a 73 kilos yeahhhh); realmente es increible, yo sé todo eso y más; pero en el momento donde realmente necesitaba ese convencimiento, mi desesperación y cansancio me hizo sucumbir por la fórmula maternizada.

Esto sólo fue el día uno de su vida, les iré contando los demás días…

ALgo de información sobre lactancia materna: Manual de lactancia materna UNICEF

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